McDonals. Uno (entre muchos) de los restaurantes de comida rápida que sacian el hambre aun cuando no la tienes. Siempre que pasas por delante de uno te viene a la mente un McFlurry o una hamburguesa de un euro que, total... por un euro... Como muchos, acabo entrando. Nos da igual la cola porque, sus llamativos carteles con pésimas ofertas captan nuestra atención, sumando unas papas fritas y las alitas de pollo a nuestro pedido. Total... sólo son tres euros. No es, hasta que terminas de comértelo todo, cuando te das cuenta de que, hasta hacía cinco minutos, estabas siguiendo una dieta con el propósito de bajar algún kilo antes de empezar en septiembre. Pero, cómo voy a resistirme a una hamburguesa que tiene todo lo que me apetece entre dos panecillos que... mmm...
Me pregunto si, dentro de un par de años, McDonals lanzará una hamburguesa que, además de incluir todo lo que me como por pura publicidad, incluirá un par de lonchas de paciencia, un aroma de buen sexo, unas finas láminas de amor, ternura... comprensión. Total, ¿qué lo subirán?, ¿cincuenta céntimos? Me la compro!

No hay comentarios:
Publicar un comentario