viernes, 21 de octubre de 2011
Hay veces que no puedo con todo. Puede que, por muchos deseos que susurres al aire, no pueda hacer realidad ni la mitad. Las farolas iluminan la noche de mi habitacón y, aunque no quiera... me convierto en una especie de murciélago acurrucado entre las fibras de los recuerdos que ya se relajan en mis sábanas. Esta noche me gustaría llevarte a la luna y enseñarte los retales de nuestra vida juntos. Sentarnos en su cómodo respaldo de algodón y mirar desde arriba cómo las estrellas vuelan, sin necesidad de semáforos, por la inmensidad. Desde allí, cuéntame tus miedos que voy a hacer de ellos una tarta del color de tus besos. Tápame con tus brazos si estás seguro de que soy yo, y no otra, la que puede conducir nuestro cohete espacial hasta la segunda estrella a la derecha. Que me pidas. Que me exijas. Que revolotees en mis pensamientos cuando algo te incomode por dentro; que no pares hasta conseguirlo. Que soples, pidas un deseo y...
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