domingo, 13 de noviembre de 2011
Es como si nos rasgaran la espalda. Un soplo de aire frío que nos estremece. Eres un cúmulo de palabras sin sentido que hacen daño y destruyen la confianza. Que me parece injusto y no puedo gritarlo ni colgarlo en el atrapa sueños que cuelga sobre la cama. No puedo acurrucar al mar porque es muy grande, tanto que se pierde en tu lengua de felino. Las veces que he releído la historia y creo que aún quedan capítulos por completar. Que alguien arrancó las páginas que desencadenaban en escenas morbosas y ahora las reconstruímos, tarde, con sabor amargo. A mi me da igual. A mi, por suerte, esta vez no me han incluído al pie de una página. No quiero ni que mi nombre se manche con todas las pinturas que escondes tras tu máscara. Bipartidismo total de cara a los demás lectores. Pero, si doy sincera... Me quedo con el único mar que no me da miedo.
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