Voy a darle la espalda a todo. Cerrar de un portazo cada palabra que sea capaz de colarse por mi camiseta. Las veinticuatro horas son insuficientes para darle vueltas a la cabeza porque siempre encuentro un nuevo asterisco que añadir a mi dilema. Ya no quiero que mi teléfono siga sonando porque me cansa tener que adivinar quién será ahora. Las veces que hemos llegado a este punto ya no me caben en los dedos de la mano, y las fuerzas ya no puedo sacarlas de ningún sitio; no tengo un bolso mágico de esos de los que siempre puedes sacar situaciones que te hagan bien.
Me duele todo. Quiero gritar en rebeldía y tirar los platos al suelo, para hacer más ruido que nuestro amor, incompetente, que solo es capaz de tirarse de los pelos.

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