
Ojalá pudiera decirte que todo me va bien. Que sonrío cada vez que me despierto porque tengo un verdadero motivo para ello. Pero, si te soy sincera... Sería una de las muchas mentiras que digo al día por no llamar la atención. No siento unos brazos protectores a mi alrededor a los que aferrarme cuando algo me preocupa; no voy más allá que de casa a la facultad y de la facultad a casa, todos los días el mismo camino monótono. Me aburro. Me aburro muchísimo y ahora miro el minutero del reloj para que llegue la noche y pueda sumergirme en la música que, hoy por hoy, es mi única bocanada de aire al día. A decir verdad, si perdiera mi cargador de la Blackberry, es probable que perdiera el contacto con mis amigas porque, últimamente solo veo pequeños destellos de lo que fue una bonita amistad por medio de una pantalla. Veo gris; y a veces negro. No me gusta hablar con nadie porque no creo que a nadie le importe esta encrucijada de sentimientos repentinos; más que nada, es que ahora mismo, no tengo esa persona a la que poder llamar en cualquier hora. Y lo peor es que no veo el final. No veo que pueda arreglarlo todo porque no quiero volver a nada solo quiero empezar algo de cero, pero no sé el qué.
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