Qué caprichosos somos. Nos envolvemos en las sábanas y decidimos
darle rienda suelta a la imaginación y así, todo parece más fácil. De vez en
cuando, el aleatorio del iPod se tiñe de “te echo de menos”, y es imposible no
pensarte. Pero, si lo hago, que sea a la luz de La Luna; que ella no pueda
delatar la sonrisa que provocas cuando apareces de repente. Nos da por imaginar
situaciones que, lo más probable, es que sean imposibles. Por eso, ven; déjame
decirte bajito y al oído que hay noches en las que solo pienso en ti. Que nadie
se entere de que aún soy capaz de pensar en el aroma de tus labios, o en el
perfume de tu sonrisa. Pero que se quede aquí, entre nosotros, que no salga a
la luz...
No hay comentarios:
Publicar un comentario