Deja de entrometerte en mi mente. Déjame en paz. Lárgate de cada minúsculo rincón de mi vida y deja que lave los recuerdos para volverlos un poco menos amargos. Me tienes en indecisión constante. Unas veces pondría la mano en el fuego por desear volver a tenerte y otras jugaría contigo a no verte más. Me haces daño. En verdad, me hago daño. Porque soy masoquista y me gusta revolver el aroma de tu perfume en mis recuerdos; recordar en cada nota de canción lo adorable que te pones cuando quieres; mimarte con un pensamiento... Entonces me doy cuenta de lo idealizado que te tengo. De que sin tener sangre azul, te he coronado Rey; de que sin mirada sincera, he visto dos destellos; de que sin prometerme el mundo entero, te creí Becker... Eres cuento y no quiero seguir leyéndote. Déjame marcharme, ayúdame, que sola no puedo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario